XVIII

–¡Alsgar! – Gritó Alex, mientras el portal les dejaba en el jardín de su casa, bajo la atenta mirada de su madre, que se asomó alertada por el grito.

Al ver a Allyant junto a él, su madre se llevó la mano a la boca, mientras las lágrimas inundaban sus ojos.

–¿Madre? – Dijo extrañado Allyant, desde el fondo del jardín, tras Alex.

La madre de Alex corrió y abrazó a los dos entre lágrimas. Iris, desde la puerta del jardín, miraba atentamente la escena.

Alex, aunque aliviado de estar nuevamente en casa, preocupado por sus amigos, se deshizo del abrazo de su madre.

– ¿Por qué cuando me contaste mi historia no me dijiste que tenía hermanos? – Le recriminó a viva voz a su madre entre lágrimas.

Ella les tomó del brazo y les hizo entrar en la casa al tiempo que hablaba.

–Lo siento Alex, pero pensé que al igual que tu padre, ellos también habían muerto, pero aquí estás, con mi querido Allyant...

La madre volvió a abrazar sentidamente al elfo, el cual, pese a su edad, rompió a llorar como un niño entre sus brazos.

–¿Y Albcis? ¿Está bien? ¿Sigue vivo? – Preguntó la madre de Alex a Allyant.

–Está bien madre, él vino primero a este mundo en tu búsqueda, pero no te encontrábamos.

–¿Qué pasó con vosotros, como escapasteis todo este tiempo de vuestra tía?

–Drumilda me llevó a la casa de Elmet y él ya había recibido instrucciones de padre para que me criara, pero Rufus nos traicionó.

–¡No!... No puede ser – Irrumpió Iris, rota de dolor.

–Lo siento Iris – Dijo Allyant – Pero así fue, entregó a Albcis a la orden de los magos negros, al servicio de la bruja, y ellos le criaron.

Un doloroso silencio recorrió por un segundo la estancia.

–Pero hace algunos años pudimos rencontrarnos – Prosiguió Allyant – y se unió a nuestro bando, ahora trabaja con nosotros como espía entre las filas de la bruja.

–¿Con nosotros? – Preguntó extrañada la madre de Alex.

–La resistencia, los rebeldes... Los leales a padre – Dijo Allyant, con todo su convencimiento.

–Mamá, creo que debes saber algo... – Interrumpió Alex seriamente.

Su madre le miró expectante.

–Papá aún está vivo, está atrapado en un bloque de hielo.

Los ojos de su madre se volvieron vidriosos otra vez, y rompió a llorar desconsoladamente. Alex y Allyant se acercaron a consolarla.

–Mamá, perdóname, sé que me dijiste que no debía ir a ese mundo, pero tengo que ayudarles, tengo que liberar a mi... – Alex se detuvo a sí mismo y, mirando a Allyant, se corrigió –... nuestro padre, y a aquellos que dejamos atrás escapando de allí.

Su madre cerró los ojos fuertemente, mientras aún las lágrimas caían por su cara.

Cuando volvió a abrirlos, su mirada dejaba ver una rabia contenida en un fuego interior, que la quemaba por dentro.

–Creo que ha llegado el momento de que yo también vuelva a Ixlar.