PRÓLOGO

Jueves 18 de marzo

Aún realmente no sé por qué empecé a escribir en este horrible diario, tal vez porque me encuentre solo, porque la compañía de mi madre no es suficiente, o porque simplemente, es la única forma que encuentro de desahogar mi alma.

Mañana hará 16 años que te espero, en los que ni siquiera tengo una fotografía tuya, pero que, aun así, te extraño, y quiero conocerte.

Más que cualquier otro regalo que pudieran darme, por mi cumpleaños, por navidad, por mi santo... Los cambiaría todos por saber quién eres y poder preguntarte por qué.

Casi todas las noches sueño como pudiera ser mi vida si estuvieras en ella, donde iríamos. Incluso sueño con las broncas que me formarías por meterme en líos en el instituto, por suspender asignaturas o exámenes, o por no ayudar en casa... ¡Como envidio a los demás! Yo quisiera tenerte y, aun así, pienso que es culpa mía el no poder hacerlo...

Mañana te esperaré, como siempre, porque siempre tendré la ilusión de que un día vengas a recogerme al instituto, de que me des un abrazo, de que me digas: “Hola, hijo” y yo poder contestarte: “Hola, Papá”.